Al día siguiente de hacerse públicos los últimos datos de parados en nuestra ciudad, que ya superan las 9.000 personas, los medios de comunicación recogían las opiniones de algunos agentes sociales y políticos de Ceuta. Todos coincidían en valorar la tasa del paro como muy perjudicial, llegando a ser considerada por el presidente de la Confederación del Empresarios de Ceuta como una auténtico “horror”. Esta llamativa expresión nos hizo recordar la obra de Viviane Forrester “El Horror Económico”, de la que se han vendido más de 300.000 ejemplares en Francia y se ha traducido a 12 idiomas, habiéndose convertido en un fenómeno de trascendencia internacional. Con una franqueza casi brutal, la autora aborda los principales problemas de la sociedad actual: desigualdades sociales, marginación, desempleo, etc… En opinión de Forrester “vivimos en medio de una falacia descomunal, un mundo desaparecido que se pretende perpetuar mediante políticas artificiales. Un mundo en el que nuestros conceptos de trabajo y por ende del desempleo carecen de contenido y en el cual millones de vidas son destruidas y sus destinos aniquilados. Se sigue manteniendo la idea de una sociedad caduca, a fin de que pase inadvertida una nueva forma de civilización en la que sólo un sector ínfimo, unos pocos, tendrá alguna función. Se dice que la extinción del trabajo es apenas coyuntural, cuando en realidad, por primera en la historia, el conjunto de los seres humanos es cada vez menos necesario…Descubrimos que hay algo peor que la explotación del hombre: la ausencia de explotación; que el conjunto de los seres humanos es considerado superfluo, y que cada uno de los que integran ese conjunto tiembla ante la perspectiva de no seguir siendo explotable”.
Las ideas de V.Forrester se confirman diariamente en las noticias económicas y en las manifestaciones de ciertas personas que consideramos la “élite” de nuestro país. Así el brillante cirujano Pedro Cavadas, responsable del primer transplante de cara en España, declaró en una reciente entrevista en el diario “El País” que “no somos todos iguales: el que curra no tiene por qué ganar lo mismo que el vago, lo siento…Las subvenciones y los subsidios generan vagos”. Resulta inquietante leer estas declaraciones de alguien que vive rodeado de personas con graves problemas de salud y, por tanto, en contacto permanente con el sufrimiento humano. Quizá se haya deshumanizado y sólo vea a su alrededor objetos andantes, portadores de órganos que pueden ser transplantados de un cuerpo a otro. Desde luego, parece evidente que el Sr. Cavadas no ha tenido que sufrir la angustia de la inestabilidad, el naufragio de la identidad, el sufrimiento de perder su casa o no poder llevar un sueldo con el que alimentar a su familia. Este problema lo están sufriendo en nuestro país cerca de cuatro millones de personas, a las que se insulta gravemente cuando se les tacha de vagos y subvencionados. Desgraciadamente, este tipo de pensamiento está extendido entre las clases privilegiadas de la sociedad española, los únicos que se consideran merecedores del derecho de vivir.
En Ceuta, como es de sobra conocido, las desigualdades sociales aparecen cada día más marcadas. Por un lado, están aquellos que de una manera directa o indirecta trabajan para las administraciones públicas (cerca de 11.000 personas); en medio, los trabajadores del sector del comercio, con sueldos a lo sumo mileuristas; y en la base, una amplia masa social de desempleados que no deja de crecer. Entre estos últimos, como bien apunta Ulrich Beck, abundan aquellos que realmente no buscan un trabajo, sino un dinero con el que poder subsistir. Esto nos lleva a un debate mucho más profundo sobre la condición humana y los derechos fundamentales que asisten a cualquier ser humano. Parece como si el principal derecho de cualquier persona, el de vivir, dependa de la demostración de que “es útil para la sociedad, es decir, para aquello que la rige y la domina: la economía confundida más que nunca con los negocios, la economía de mercado. Para ella, “útil” significa casi siempre “rentable”, es decir que le dé ganancias a las ganancias. En palabra, significa “empleable” (explotable sería de mal gusto)”.
Como ya comentamos en un artículo anterior, titulado “El fin del trabajo”, tenemos que trascender de la actual sociedad salarial, basada en la explotación del hombre por el hombre, a un nuevo modelo que garantice un ingreso suficiente y universal para que cualquier persona pueda disfrutar de una vida digna. Debemos superar la gran impostura de creer que es posible un pleno empleo para todos siguiendo las principios y normas de la economía neoliberal. Constituye un gran falacia hacer creer a la gente que existen puestos de trabajo que cubrir, menos en una ciudad como Ceuta cuya capacidad de carga ecológica ha sido ampliamente superada. ¿Qué sentido tiene mantener en el listado del INEM a miles de personas, de las cuales una amplia mayoría resulta inempleable?¿Por qué no crear fondo de ayuda social a estas personas de por su avanzada edad y escasa formación nunca serán absorbida por el mercado laboral?. Claro que esto sería tanto como reconocer el gran embuste de un mundo del trabajo…sin trabajo. Desde nuestro punto de vista, habría que redoblar los esfuerzos en la formación de los jóvenes desempleados para que puedan encontrar un puesto de trabajo en nuestra ciudad o en otras ciudades españolas. Resulta evidente que el reducido tamaño de la ciudad impide la creación de nuevas empresas que puedan crear puestos de trabajo estables, así que sólo nos queda la posibilidad de reconocer la inviabilidad del sistema actual y empezar a discutir las bases de un nuevo modelo más justo y solidario.
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